lunes, 19 de agosto de 2013

RABADÁ Y NAVARRO: 50 AÑOS DE LA TRAGEDIA DEL EIGER


Alberto Rabadá (Zaragoza, 1933) y Ernesto Navarro (Fuencalderas, Huesca, 1934), fueron dos pioneros de la escalada aragonesa y española. Miembros del club Montañeros de Aragón, conformaron en la segunda mitad del siglo XX una de las cordadas míticas del alpinismo. 

Su trayectoria fue corta, apenas 4 años, pero intensa, y medio siglo después sigue asombrando por su vanguardia, estética, ética y lógica. Adelantados a su tiempo por su concepción de la escalada, abrieron numerosas vías en los Mallos de Riglos y el Pirineo, así como la cara oeste del Naranjo de Bulnes, posiblemente su mayor hito del que hicimos eco en este blog cuando se cumplió medio siglo el pasado verano.






En los Alpes, la cara norte del Eiger era la pared maldita, rodeada de leyendas de los que allí habían perecido. Los dos kilómetros de altura de la Pared de la Muerte, eran el gran reto de la escalada alpina y varios equipos españoles se afanaban en ser los primeros en conquistarla. Rabadá y Navarro, viajaron en agosto de 1963 a los Alpes para intentar conseguir la primera escalada española de la historia a esta gran pared.



Eiger


El Eiger es una montaña de 3970 m. de altura de los Alpes berneses de Suiza, que forma parte del conjunto Jungfrau-Aletsch-Bietschhorn declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2001.

La espectacular Nordwand ("cara norte" en alemán) es una pared vertical de más de 1500 m. de altura y 1800 m. desde el valle de Grindelwald (cantón suizo de Berna). También se la llama Eigernordwand ("pared norte del Eiger"). Más precisamente es la cara noroeste, entre la arista oeste y la Mittellegi; por ser cóncava y por su orientación, es umbría y fría. En la parte superior hay una sección denominada la "Araña", un nevero en forma de estrella del que parte una serie de gritas heladas que recuerda a las patas de una araña. Ese nombre lo usó uno de los primeros escaladores de la cara norte, Heinrich Harrer, como título además de su libro sobre la escalada de la cara norte del Eiger, Die Weisse Spinne ("La araña blanca").

Es una de las seis grandes caras norte de los Alpes. Desde el año 1935, al menos 66 escaladores han muerto mientras intentaban subir por la cara norte, lo que le ha valido el apodo alemán de Mordwand, literalmente "Pared asesina", un juego de palabras sobre el nombre en alemán Nordwand. Actualmente sigue considerándose un formidable desafío, debido más a la creciente caída de rocas y los cada vez menores neveros que por sus dificultades técnicas, que no son de las mayores dentro del alpinismo moderno. A menudo en verano no se puede subir debido a la caída de rocas; cada vez más, los escaladores están eligiendo subirla en el invierno, cuando la desmenuzada pared está fortalecida por el hielo. Las rocas que se descomponen y caen con el calor son uno de los principales peligros de esta cara, ya que es una montaña que se disgrega o se desmorona.






El día 2 de agosto de 1963, Luis Alcalde, Rabadá y Navarro llegaban a Grindewald. Alcalde, amigo de la cordada, no tenía previsto participar en la escalada de la “pared asesina”. Todos eran conscientes que desde su apertura en 1936, eran numerosos los alpinistas que habían perdido la vida en ella con una estadística preocupante: una de cada tres cordadas que lo habían intentado, habían fallecido.


Pronto se pusieron en marcha, y el 3 de agosto superaban 1.000m de pared, a través de una nueva ruta directa. El tiempo cambia y se ven obligados a abandonar por uno de los respiraderos del túnel del Jungfrau, que cruza la pared por su interior.



El 8 de agosto comienzan el segundo intento, y una vez más un cambio meteorológico les obliga a regresar a través del túnel. Era su última oportunidad, tenían que regresar a casa. Pero el sol apareció, y a última hora decidieron darse un último intento. 



El día 11 de madrugada comenzaban a escalar, de forma rápida, hasta el segundo nevero, en donde una gran tormenta les pilló en el vivac. Decidieron aguantar allí durante todo el día 12 en espera de una mejora, que llegó a la mañana siguiente. El día 13 su progresión era lenta, cansados por el esfuerzo y la espera en medio de la tormenta durante un día y una noche. 


La noche del 13 al 14 no fue mejor, con agua y temperaturas gélidas. Con sus menguadas fuerzas intentaban salir de la pared, pero a 300m de su cumbre, en la zona conocida como la Araña, éstas les abandonaron, tras haber pasado una noche más sentados en una repisa.


El día 15 se preparó un grupo de rescate. En ese momento no se les tenía a vista, debido a las condiciones, con temperaturas que en altura alcanzaron los -20ºC.

La siguiente vez que Luis Alcalde pudo localizarles, el día 16 de agosto por la mañana, descubrió sus cuerpos inertes colgados de la pared, en el helero de la araña. Un avión intentó despertarles, pero no pudo: habían fallecido. Sus cuerpos fueron recuperados posteriormente durante el primer descenso de la pared, en diciembre de ese mismo año.


Placa que Montañeros de Aragón colocó en su memoria en Riglos

A fecha de hoy, el legado de estos dos alpinistas sigue vivo y de plena actualidad. Solucionaron algunos de los principales problemas de la escalada española y sus vías, que siguen siendo un reto indispensable para cualquier escalador que se precie. Las “Rabadá-Navarro” que se distribuyen por la geografía peninsular continúan atrayendo, por su plena vigencia y atemporal belleza, a todos aquellos que buscan la magia clásica en las paredes.


La comunidad montañera se reunirá en Mezalocha los días 19 y 20 de octubre para recordar la cordada aragonesa y homenajearla con varias actividades. Más información e inscripciones en: homenajearabadaynavarro.blogspot.com.











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viernes, 9 de agosto de 2013

FERRATA DEL CANFRANERO


Ganas tenía de acometer esta ferrata desde que me enteré de su inauguración a través de Pirineo Digital, a penas hace un par de meses. Y no precisamente por su espectacular recorrido (pues no es el caso), sino porque está situada en una localidad muy especial para mi: Canfranc-Estación. Sin duda, el lugar donde aprendí a amar las montañas de la mano de mis padres, hace ya mucho tiempo, pero al que seguimos retornando año tras año... ¡Me encanta este sitio!





Para llegar a los pies de la ferrata, ir por la N-330 hasta justo antes de meterse en el interior del túnel de la carretera que cruza hasta Francia. Un cartel nos indica el desvío a la derecha. Atravesar el pueblo, y poco antes de salir de él en dirección Candanchú, una indicación nos señala dos zonas de aparcamiento situadas junto al túnel ferroviario del Somport. Continuar caminando por la carretera, y  en la primera curva está la ferrata.

Túnel de Somport.



Aprovechando un fin de semana libre y que mi hija Almudena estaba disfrutando en Canfranc de sus merecidas vacaciones junto a mis padres, añado a mi equipaje el material de ferratas. Esta pequeña localidad altoaragonesa quiere  impulsar el turismo, y para ello han señalizado más de 350 kilómetros de senderos, y creado esta vía ferrata junto a Aragón Aventura.

Recuerdo que de crío, me sentaba junto a mi abuelo en unas piedras a ver como la Unidad de Alta Montaña del Ejército, practicaba escalada en el mismo sitio donde hoy se encuentra la ferrata...


"Papá, ¿llevas todo el material que pone aquí?" me preguntaba Almudena mientras me ponía el equipo...


Esta vía salva 80 metros de desnivel en un recorrido de 100. Está considerada de nivel 1, aunque posee un tramo de total verticalidad.






La pared empieza tumbada, los primeros metros no tienen cable de seguridad, pero aquí el riesgo es casi nulo. Se asciende a través de cómodas grapas de acero corrugado. A mi parecer, en algunos tramos están demasiado separadas, haciéndola impracticable sin ayuda a un niño o adulto de corta estatura.

Poco más tarde, las grapas desaparecen y hay que trepar por la pared con la ayuda de una cadena.








Posteriormente reaparecen las grapas comenzando el tramo más vertical,  hasta alcanzar un rellano donde la ladera es cada vez menos inclinada y la abundancia de agarres naturales, hacen fácil la ascensión a la parte más alta del recorrido junto a unas ruinas. 

A partir de aquí, comienza el descenso.
Vistas de Canfranc, desde la parte más alta de la ferrata.


Siguiendo unas marcas rojas sobre la roca, comenzamos el descenso. Al principio, hay una gran inclinación en la que nos ayudamos de la sirga de seguridad. Luego, se va suavizando poco a poco hasta internarnos en bosque para llegar a los pies de la carretera, a la altura del túnel.


Comenzando el descenso.
El sendero se interna en el bosque.


No es una gran ferrata. A ninguno le valdría la pena el viaje sólo para realizarla. Pero cuando lleguéis hasta aquí, descubriréis un magnífico paraje con kilómetros y kilómetros de senderos que os llevarán a alcanzar magníficas vistas donde completar la jornada.


Abrazando a mi "niña" tras concluir la ferrata.



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